Publicado por Red de Justicia Fiscal de America Latina y el Caribe aquí.
“De día estamos tan ocupados en nuestros pobres asuntos, que nos parece imposible que alguien, allá arriba, vigile nuestros pasos y, laborioso y metódico, planee la conquista del planeta Tierra”.
“La guerra de los mundos”.
(Herbert George Wells)
Por Adrián Falco*
Por estos días en los que se celebra la cuarta ronda de negociaciones de la Convención Fiscal de las Naciones Unidas, el frío lacerante de la Ciudad de Manhattan ofrece la justicia poética suficiente para explicar lo que ocurre en los pasillos de los salones en donde el debate se está planteando, por momentos, con una temperatura que no encuentra explicación para esta época del año. Hay algo que está claro, este no es un mero debate técnico sobre tasas o porcentajes; es una pelea descarnada por quien ejercerá la soberanía en la arquitectura financiera global que se avizora. Hay un quiebre profundo en la amplia sala que el debate ocupa en la sede de las Naciones Unidas y que se verifica entre un norte global que busca preservar el statu quo bajo la bandera de la «certeza» y la “seguridad jurídica” y un sur global que ve en esta convención de NNUU la última frontera para desmantelar un sistema colonialista de tributación.
La utilización del lenguaje como arma de desestabilización y por momentos de resistencia pone en evidencia la importancia de rubricar acuerdos robustos, claros y sin eufemismos. Por un lado la necesidad del norte global (Reino Unido, Canadá, Noruega, Suecia y un largo etcétera) de centrar los debates en el plano de lo superficial dejando de lado aquellos acuerdos que podrían ser vinculantes para futuros protocolos. Por otro lado el sur global, con el liderazgo intacto y creciente del Grupo Africano, dándose cuenta que no aceptar un texto que genere compromisos ahora significa, por ejemplo, mantener el flujo de dinero tal como viene fluyendo desde la periferia hacia el centro sin ser gravado donde realmente se genera la actividad económica. “Lo técnico es político” retumba en la sala la frase con gusto a sentencia del Grupo Africano y a muchos ahí dentro nos quedó clara la idea de que sus intenciones son llegar hasta el final con aliados estratégicos como el G77.
Hay un fantasma que recorre la ONU y es el fantasma de la OCDE. El tristemente célebre club de los países ricos y quienes actualmente toman todas las decisiones respecto de la tributación internacional sostiene un duro enfrentamiento sobre los Artículos 9 (Asistencia Administrativa Mutua), 10 (Intercambio de información) y 15 ( Relación con otros acuerdos, instrumentos y derecho interno que aún no se ha tratado) y esa es la representación máxima del conflicto entre un multilateralismo excluyente y en decadencia y una propuesta de carácter universalista, si es que algo así es posible imaginarlo en esta coyuntura. El Norte defiende lo que entiende como sus «logros» en el Foro Global y la OCDE, advirtiendo contra la «duplicación». El Sur, representado por voces como las de Kenia o Senegal, responde que estos marcos tienen altos costos de entrada y participación que son prohibitivos y que fueron diseñados por y para países ricos sin participación legítima del sur global. La insistencia previa del Norte en priorizar el Artículo 15 (la cláusula de no interferencia con tratados previos) es, en esencia, un intento de blindar y cuidar el «Club de los Ricos» frente a la democratización fiscal que propone la ONU.
La convención se ha convertido en un virtual campo de batalla donde el Sur Global levanta su voz y se hace oír con fuerza. Exige «corregir las asimetrías y desigualdades». Mientras el Norte planea la construcción de una convención como el espejo de la bruja de Blancanieves, un espejo que muestra en apariencia un funcionamiento ordenado, predecible, favorable y beneficioso al capital pero que, como en la simbolización hecha en el cuento de los hermanos Grimm, nos es más que una realidad invertida, alterada, que solo funciona para el dueño del espejo. Al mismo tiempo el Sur empuja una herramienta de redistribución de poder real. Siguiendo el juego de la analogía del espejo, busca que éste arroje un reflejo real de lo que realmente está pasando. El enfrentamiento en esta Convención no es solo por el dinero, sino por lograr una justicia fiscal que nos permita escribir las reglas del juego económico global en el siglo XXI.
*Adrián Falco es secretario ejecutivo de la Red de Justicia Fiscal de América Latina y el Caribe y coordinador del área de Justicia Fiscal de Latindadd.